Los sistemas de raíces de los árboles
muestran mucha variación entre los individuos y al interior
de la especie. Para árboles jóvenes producidos
en vivero debiera haber, como regla general, dos o más
raíces estructurales a una profundidad de 1-3 pulgadas
(2.5 a 7.5 cm), medidas a una distancia de 3-4 pulgadas (7.5
a 10 cm) lejos del tronco.
La plantación del árbol es el
mejor momento para asegurarse de “tener bien las raíces”.
Al examinar el cepellón, debe recordarse que el American
Standard for Nursery Stock (Estándar Estadounidense
para el Suministro de Viveros) (2004, www.anla.org/publications/index.cfm),
indica que “el suelo sobre el cuello del árbol
no debe incluirse en la medida de la profundidad del cepellón”.
Si esta medida no alcanza el mínimo, el tamaño
del sistema de la raíz será insuficiente y el árbol
podría ser rechazado.
A veces existen indicadores visuales fáciles
de observar, de la profundidad de la raíz. El movimiento
del tronco de un árbol joven formará un boquete
en la línea del suelo si las raíces son demasiado
profundas. Esto se observa en el vivero y después de
plantar, pero no en el cepellón porque la arpillera
y las cuerdas cubren generalmente la base del tronco. (Ilustración de S. Wegener.)
Muchos cultivares de árboles son de brote injertado.
La unión del injerto y el patrón debiera verse
por arriba del nivel del suelo, en la base del tronco. Los
cultivares producidos por estacas (cortes enraizados) y las
plántulas de vivero también se reducen en la
producción lineal en campo. Es recomendable preguntar
cómo fue producido el árbol e insistir en observar
el cambio en la textura de la corteza o la torcedura en el
tronco, sobre el nivel del suelo, si se cuenta con ellos como
resultado del método de producción.
En ocasiones, el desarrollo del cuello del árbol
será visible incluso en árboles jóvenes.
Es posible que se necesite remover un poco el suelo; pero si
se distingue el cuello del árbol, la profundidad de
las raíces será la correcta.
Existe un método simple para sondear
las raíces cuando se carece de evidencia visible. Una
sencilla cadena de agrimensor es una herramienta barata, conveniente
y eficaz. Se puede utilizar un pedazo de alambre rígido
que, simplemente, se inserta en el suelo alrededor del tronco.
Es fácil darse cuenta si una raíz se encuentra
a algunas pulgadas debajo de la superficie del suelo. Este
método se puede utilizar en el vivero, en cepellones
antes de la plantación y en el paisaje después
de la plantación.
Otra recomendación importante es explorar las raíces
algunas pulgadas lejos del tronco, pues reduce el riesgo de
confundir la unión del injerto o una que otra prominencia
en la base, con el cuello del árbol.
Es preciso localizar por lo menos dos raíces estructurales,
porque no es raro encontrar que una sola raíz se desarrolla
cerca de la superficie, mientras que el resto son mucho más
profundas.